Todos tenemos esa amiga que se caracteriza por tomar la peor decisión cuando de materia amorosa se trata. Aquella que viendo una señal de "Pare" decide no detenerse, o que al ver la señal de "Peligro, zona de curvas" decide meter pie al acelerador. En mi grupo de amigas (en cualquiera de mis grupos de amigas) es fácil decir quién es esa amiga: simplemente soy yo. Es una suerte de patología, un mal crónico de las adoctrinadas por Disney y las teleseries de la tarde. Aquí va, entonces, una serie de lecciones que he sacado de mis malas decisiones: Primera lección: Él no va a cambiar por ti. Lo aprendimos de las teleseries: la heroína (generalmente sacada de contextos vulnerables o una vida sumamente dura) siempre se fija en un inválido emocional. En María la del Barrio está Fernando; machista, borracho e irresponsable que finalmente se ve transformado por el poder del amor. En Betty la Fea el incapacitado es don Armando, un tipo con un miedo compulsivo al...